Internet de las Cosas y la Economía Social

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Por Komunikatik 01/12/2016 en Transformación Digital

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Durante la pausa navideña, momento de reposo para el intelecto, parece que algunas mentes se conectan con la idea de que otra economía es posible. En el momento de publicar este artículo, nos encontramos con una completa reflexión de Ricardo AntónEmprender hacia la #EcoSInuestra y su correspondiente réplica por parte de Julen IturbeEcoSInuestra en lugar de EcoNOmía. Tendemos a sentirnos pequeños ante semejantes cráneos privilegiados; a pesar de ello,  haciendo gala de modestia, tiramos adelante con nuestra visión sobre la #EcoSInuestra.

Buena parte de nuestra experiencia profesional ha sido adquirida en torno al Tercer Sector y la Economía Social. Por ello, nos resulta difícil pasar por alto las implicaciones que en los próximos años la Internet de las Cosas (IoT) pudiera tener en este ámbito.

Tal y como afirma Javi Creus, creador del modelo Pentagrowth, Internet ha modificado las reglas de juego. Con la popularización del acceso a la red, en sus diferentes formas,  nuestro estilo de vida se ha visto alterado de forma radical. Las redes sociales permiten conectar a personas que comparten intereses o necesidades, pero que no se conocen. Cada día surgen nuevas plataformas para compartir bienes y servicios (sharing) y transitamos de una lógica de la escasez a otra de la abundancia, donde todo es susceptible de ser compartido y el acceso al conocimiento ya no tiene barreras físicas, aunque sí económicas.

En este contexto, la llamada Internet de las Cosas (IoT) es algo más que miles de sensores y pequeños dispositivos conectados a una red de comunicaciones. Hablamos de una nueva infraestructura, de carácter inteligente, que posibilita la transición de modelos centralizados de producción basados en la economía de escala, a modelos distribuidos, que impulsan la nueva economía colaborativa.

En sectores estratégicos para la economía como la automoción y la energía, ya se han realizado algunos cambios. Por ejemplo, Local Motors, empresa de automoción apuesta por las microfábricas que, a modo de nodos, conecta con comunidades locales de personas apasionadas en el mundo del motor.  Este post de Julen Iturbe lo ilustra perfectamente.

En cuanto a la generación de energía eléctrica, el modelo alemán, pivotado sobre energías renovables, apuesta por la descentralización de las plantas generadoras de fabricación, por un modelo de redes inteligentes de producción energética que comparten la electricidad generada por pequeños productores.

Algunas premisas que parecían invariables bajo las reglas del capitalismo comienzan a cambiar. Ya no es suficiente con ajustar los costes de fabricación. La Tercera Revolución Industrial, gracias a la fabricación inteligente y a una nueva infraestructura IoT, reduce de forma disruptiva los costes de producción. La fabricación aditiva recupera y reduce residuos; la servitización se perfila como un proceso por el que las empresas añaden valor a un producto terminado en forma de servicios asociados al mismo.

En este contexto, en lugar de un único capital monetario en las organizaciones, tal y como plantea Colaborabora, cada vez cobra más importancia la necesidad de un equilibrio de capitales. El rol de cliente es ampliado al rol de base o colchón social, las fuentes de financiación centralizadas son reforzadas por micromecenazgos. La reputación se convierte en moneda (Rifkin) y esta no se circunscribe únicamente a la calidad del servicio prestado; cuestiones como el respeto al medioambiente, la atención a los sectores sociales desfavorecidos y la igualdad de oportunidades tienen una influencia clave en la reputación de las organizaciones.

El anhelo de una sociedad donde las máquinas asuman las tareas más pesadas y liberen a las personas en su faceta creativa parece estar al alcance la mano. Pero, ¿qué sucede con  las personas que son sustituidas por máquinas?

La Economía Social

Emerge otro modelo económico distribuido y basado en la colaboración donde las reglas de juego son fijadas por las correspondientes comunidades y palabras como ‘Procomún’ y ‘Común’ surgen una y otra vez. Entre la economía de mercado y la economía del procomún se sitúa la empresa de economía social.

Son empresas que funcionan bajo la lógica de la cuenta de resultados que garantiza la subsistencia de la organización y permite la consecución de sus objetivos sociales. Este tipo de empresa se sitúa en la economía productiva, a salvo de los capitales especulativos y su actividad se centra principalmente en sectores vinculados al reciclaje, al medio ambiente y a la responsabilidad social.

Las organizaciones de Economía Social y vinculadas a la economía social, llevan muchos años de ventaja en algunas de las cuestiones que ahora percibimos de gran importancia, como es la inclusión social de personas en el ámbito laboral y el cuidado del medio ambiente.

Antes de que existiera Internet, muchas de las organizaciones de la Economía Social fueron instituidas y financiadas gracias a la suma de microaportaciones de su colchón social. Demostraron que los residuos que generamos pueden ser una fuente de ingresos, hicieron más saludables nuestras ciudades, otorgaron sentido al concepto de Economía Circular, ensayaron formas de organización horizontales y cooperativas y, por si fuera poco, han conseguido resistir a la crisis gracias a sus capitales sociales.

Internet de las Cosas es una gran oportunidad para la Economía Social y, en un momento en el que los mecanismos de control de la nueva infraestructura de Internet de las Cosas están en juego, la Economía Social es una necesidad para construir una Internet de las personas.

 

4 comentarios

  • Ricardo_ColaBoraBora on enero 14th, 2016

    Esto debe ser lo de la teoría de las cuerdas, mentes que se conectan ¿no?
    Son muy interesantes este tipo de confluencias, porque ayudan a abrir fronteras y ensanchar terrenos de juego.

    Como bien señaláis al final del post, es determinante la cuestión de la propiedad y gobernanza de esta nueva infraestructura, al servicio de quién y para qué; para que tanto las cosas como las personas, no terminemos siendo meros instrumentos de una nueva forma de extracción y flujo de valor, para dar rendimiento al capital. Por eso es determinante todo lo que tiene que ver con lo común, libre y abierto y con los modelos distribuidos, desde una perspectiva de ESS.

    Por lo demás dos cosas que se me han quedado dando vueltas por el cerebro:
    1) ¿Qué sucede con las personas que son sustituidas por máquinas? Parece que perder el trabajo sería perder la función, la capacidad de ser útil para la comunidad y de generar renta para la subsistencia. El reto sería pensar en un modelo social en el que se destierre la idea de ‘ganar el pan con el sudor de la frente’ que al fin y al cabo era un castigo divino; para pasar a uno en el que la producción de valor y retorno esté vincaluda a la vida y servicio a-en la comunidad. Un sistema inteligente que permita dar lo mejor de una misma y obtener lo que cada una necesite.
    2) Y una idea un poco peregrina, pero que podría dar juego especulativo. A la hora de pensar en ‘la internet de las cosas’ vs ‘la internet de las personas’, me viene a la cabeza cabeza Bruno Latour y su ‘Parlamento de las cosas’ https://es.wikipedia.org/wiki/Parlamento_de_las_cosas

    • Komunikatik
      Komunikatik on enero 14th, 2016

      Un lujo tu artículo Emprender hacia la ecoSInuestra, dan ganas de empezar a cerrar filas en algunas cuestiones como el reparto de la riqueza y del conocimiento.

      A veces tenemos la sensación de que los que los que se mueven en las grandes esferas del poder, ya tienen claro cuántas personas se van a quedar al margen de la nueva era de Internet de las Cosas, una vez más corresponde a la sociedad civil y la #EcoSInuestra hacer de contrapeso.

      Un abrazo y a ver si organizamos un buen debate en torno a estas ideas.

  • Julen on enero 15th, 2016

    Pues que se cumplan los buenos deseos que formuláis porque el riesgo de que IoT se convierta en brazo ejecutor del empleo es alta. No sé hasta dónde seremos capaces de usarla al servicio de las personas. Eso tendrá que ver con modelos distribuidos pero me temo que las apuestas de los “grandes” centros tecnológicos y las grandes corporaciones llamadas a llevar a la práctica la industria 4.0 no auguran nada bueno.
    ¿Pudiera ocurrir que las personas se levanten en armas contra la IoT como neoluditas del siglo XXI?
    Lo dicho, que vuestros buenos deseos se hagan realidad ;-)
    P.D. Lo siento, ramalazo cascarrabias de primera hora de la mañana jeje

    • Komunikatik
      Komunikatik on enero 18th, 2016

      Gracias por tu comentario,

      Si, nosotros también pensamos que conceptos como la Industria 4.0, Smart City e Internet de las Cosas están siendo insuflados por las grandes corporaciones. En este contexto, los márgenes comerciales del capitalismo se ajustan una y otra vez sobre la cuenta 640 del balance de pérdidas y ganancias (sueldos y salarios).

      La posibilidad del levantamiento de la que hablas es sugerente, sobre todo si es noviolento. Nuestro enfoque pretende ser más resilente que neoludita, Internet de las Cosas, es ya una realidad y las organizaciones que se están planteando una alternativa social a la economía no pueden ni deben ignorarla.

      P.D. En cuanto a nuestros deseos, pensábamos que también eran los tuyos ;)

      Un saludo

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