El empleo del móvil y las relaciones humanas

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Por Komunikatik 09/18/2018 en Comunicación y Marketing

komunikatik_ivapHace unas semanas, nuestro compañero Asier Gallastegi, junto a Arantxa Sainz de Murieta (Komunikatik), publicaba este artículo en euskera en la Revista Vasca de Administración Pública (IVAP) sobre las consecuencias que genera el empleo del móvil en las relaciones humanas. Se trata de un tema de actualidad que preocupa, genera debate y que se puede abordar desde diferentes perspectivas. Nos hemos decidido a compartirlo desde nuestras páginas web porque también nos interesa tu punto de vista.

Solo 10 años del primer smartphone

“De vez en cuando, viene un producto revolucionario que lo cambia todo”. Con estas palabras presentaba Steve Jobs, en enero de 2007, el primer smartphone, un dispositivo que ha revolucionado nuestras vidas en compañía de una de las grandes claves de esta transformación: la conectividad que nos permite acceder a la red en cualquier momento y en cualquier lugar.

Según el informe de la Sociedad de la Información en España de Telefónica, en 2017 (10 años después) el número de dispositivos conectados mundialmente creció más de un 30%, superando los 8.500 millones. Ya hay más líneas móviles que habitantes en todo el planeta: 103,5 líneas por cada 100 habitantes.

Tras la aparición de los smartphones se acuñaron algunos términos en referencia al impacto personal que provoca la utilización de los dispositivos móviles como, por ejemplo, phubbing (phone + snubbing), que significa ignorar a alguien por mirar el móvil o nomofobia, el miedo a estar sin el móvil.

Según este mismo informe, de media revisamos el smartphone unas 150 veces al día; el 87% de los/as españoles/as lo tiene al lado las 24 horas y un 80% confiesa que lo primero que hace al despertar es mirar el teléfono. Sin ser demasiado exigentes en los cálculos, podemos decir que tanto el phubbing como la nomofobia han conseguido instalarse en nuestras vidas sin saber muy bien cómo o, por lo menos, sin ser conscientes del hueco que se estaban haciendo en nuestro cotidiano.

Digitalización, adaptación y dopamina

En los últimos años, nos hemos enfrentado a nuevos retos que han necesitado de nuevas respuestas; y estas respuestas han necesitado de nuevas tecnologías que siguen evolucionando, adaptándose y ocupando lugares vacíos que no han sido ocupados por los avances de épocas anteriores. Y mientras resolvemos lo que tenemos, aparecen nuevas necesidades a las que dar respuesta y nuevas tecnologías que facilitan estas respuestas. Esto no es algo nuevo en la Historia. Cada vez que la humanidad ha sido capaz de dar un salto cualitativo en la capacidad de comunicarse, o en la tecnología, ha cambiado de era.

Ocurrió con la imprenta de Gutenberg; los libros podían copiarse con una rapidez nunca antes vista. Su impacto fue incalculable y se extendió el conocimiento como jamás antes lo había hecho. Ahora, son los smartphones los que han provocado profundos cambios culturales, sociales y económicos. Y todo cambio requiere de una fase de prueba y de adaptación que no todo el mundo resuelve de la misma manera, ni en los mismos tiempos.

En un contexto en el que los productos físicos están siendo sustituidos por productos informacionales, el teléfono móvil se ha convertido en una extensión de nuestra persona, un elemento que nos ofrece, en escasas pulgadas, la posibilidad de poder llamar, realizar una foto, grabar un vídeo, hacer una consulta en Internet, chatear, enviar un correo electrónico, escuchar música, conectar con el mundo, acceder al conocimiento, comprar, establecer relaciones, chequear la agenda o dirigirnos a lugares perdidos bajo sabias instrucciones. Y no solo se trata de proactividad; es difícil abstraerse de una presencia que te recuerda, de mil maneras, que debemos prestarle atención porque hay algo, o alguien, que reclama nuestra respuesta. Y si no lo hacemos, caemos en lo que se denomina FOMO (Fear of missing out) o el miedo a perderse algo si no se está conectado.

Miramos el móvil porque buscamos una gratificación. Lo revelaban, en 2004, los estudios de la profesora Gloria Mark, titular del Departamento de Informática de la Universidad de California Irvine. La mera expectativa de poder obtener este plus es suficiente para hacer que volvamos, una y otra vez, en su busca -recordemos que recurrimos al móvil una media de 150 veces al día-. Esas píldoras de información que consumimos a través del móvil, decía Mark, generan descargas de dopamina como las que recibe el cerebro cuando recibimos un beso. Y es, por esta razón, por la que chequeamos continuamente en busca de nuevas gratificaciones digitales.

(Des) Conectados a través del espacio y el tiempo

Vivimos tiempos en los que compartir es sinónimo de abundancia y poseer es sinónimo de escasez. Cada minuto se comparten más de 300 horas de contenido nuevo en YouTube, se envían más de 300.000 tuits o se descargan más de 30.000 aplicaciones móviles. Los cambios en estos últimos años han ido demasiado rápido, sin dejar mucho tiempo para adaptarse a unas nuevas lógicas; todo depende del uso y las necesidades de cada persona.

Existe cierta preocupación sobre las consecuencias de la utilización de los dispositivos móviles en las relaciones humanas. Para muestra, la temática de este artículo. Las aplicaciones de mensajería instantánea, o las redes sociales, han modificado las forma de comunicarnos, la capacidad de conversar y la manera de relacionarnos de manera presencial, en una suerte de pérdida de voluntad e interés ante la fuerza hipnotizante de la tecnología. Podríamos decir que la hiperconectividad que facilitan los dispositivos móviles, en ocasiones, entorpece y fomenta la distracción con la persona que tenemos enfrente; las conversaciones se ven interrumpidas por otras conversaciones que surgen en paralelo y los hilos se pierden.

En el metro, en el tren, en la calle, en las salas de espera, las personas pasan desapercibidas, no las vemos, no existe interacción, no suscitan nuestra atención más de lo que puede hacerlo nuestro propio móvil y, si lo hacen, en muchas ocasiones, miramos a través del móvil. Tampoco en casa, con nuestra familia; físicamente nos distancian escasos centímetros, pero nuestros mundos están a millones de kilómetros de distancia. Y además, cada interacción que parece retirarnos del contacto más directo y presencial es, a su vez, una experiencia de encuentro, diferente pero con muchas de las características de los intercambios con todo su potencial; intercambio de información, aprendizaje, sinergias, refuerzo y apoyo emocional.

Sigue leyendo el resto del artículo en el blog de Asier Gallastegi desde donde se abordan aspectos como el trabajo desde los dispositivos móviles, el futuro del teléfono impactado por las nuevas tecnologías o el porvenir de una humanidad aumentada. Y, si quieres, puedes dejar tus comentarios y seguir el debate.

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